La entrada de la presente administración morenista ha roto múltiples récords en el país. Podemos hablar de muchas “primeras veces” que confirman el parteaguas político hacia una nueva era.

Por primera vez un partido con tal solo cuatro años de existencia es la primera fuerza del país con la mayoría en ambas cámaras y las gubernaturas de cinco de las nueve entidades que cambiaron de administración en 2018, incluidas dos de las que tienen mayor población y electores: la CDMX y Veracruz.

El efecto AMLO arrasa también en la capital, pues no solo ganó la jefatura de gobierno con su candidata Claudia Sheinbaum, sino que se llevó 11 de las 16 alcaldías.

Pero todos estos cambios no se han dado por generación espontánea, como bien señala el magistrado, Edgar Elías Azardesde hace muchos años se han ido construyendo las circunstancias para que se pueda hablar de una nueva era en política en México.

Estamos viviendo un cambio que viene acompañado de controvertidas posturas, como sucede en cualquier transformación.

En las primeras semanas de gobierno, el presidente electo presentó una iniciativa de reducir las salarios de altos funcionarios, puso en venta el avión presidencial y abrió la residencia oficial de Los Pinos al público tras ochenta años de mantenerse al resguardo del Estado Mayor Presidencial. Casi 100 mil visitantes en los primeros tres días de la apertura de Los Pinos atestiguaron el glamuroso estilo de vida de los predecesores de López Obrador, que incluye una recámara presidencial del tamaño de una casa del Infonavit.

Sin embargo, al cabo de tres semanas de haber abierto la casa presidencial no se encontraron algunas obras de arte y aún se desconoce en dónde se encuentran esas piezas, de acuerdo con lo informado por el presidente la mañana del jueves 20 de diciembre.

Lo que marcó una época de derroche en manos de políticos parece haber terminado.

El presidente tiene poca seguridad a su alrededor, aborda vuelos comerciales, compra cafés en el Oxxo y se toma fotos con fans.

Lo que marcó una época de derroche en manos de políticos parece haber terminado. Ese es el mensaje que el gobierno de “la cuarta transformación”, encabezado por el tres veces candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, ha lanzado.

Salimos de la pareja telenovelesca, protagonizada por la actriz Angélica Rivera, para presenciar una nueva etapa marcada por mujeres que han roto récords en terrenos profesionales y laborales mayoritariamente dominados por hombres.

Beatriz Gutiérrez Müller es la única esposa de un presidente que ha tenido el país con estudios a nivel doctorado. Seguida por la primera Secretaria de Gobernación en la historia política de México, la exministra Olga Sánchez Cordero.

Claudia Sheinbaum es la primer mujer en ser electa como Jefa de Gobierno de la Ciudad de México y en ingresar al doctorado en Ingeniería Energética en México, también es la primera gobernante de la capital con un presidente del mismo partido y la primera titular de un Poder Ejecutivo local en México con un Premio Nobel en su currículum.

El gobierno de las primeras veces abre nuevas oportunidades de participación que sin duda alza las expectativas de los votantes.

Pero el gobierno de las primeras veces también es el gobierno de las paradojas.

Aunque el número de mujeres que ocupa un cargo en alguna secretaria representa un máximo histórico en el país, en la oficina de presidencia los cargos más importantes son ocupados mayoritariamente por hombres.

Mientras el presidente “dona” parte de su salario, el país pierde miles de millones de dólares por la decisión del mandatario de cancelar el proyecto del nuevo aeropuerto en Texcoco.

Debemos celebrar “las primera veces” de este gobierno, los cambios hacia una política con oportunidades para las mujeres y el mensaje de detener el derroche en manos de políticos, pero todo hay que tomarlo con sus debidas proporciones.

* Este contenido fue originalmente publicado en el ‘HuffPost’ México.

 

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